Boris Spaski, librepensador y rey de ajedrez


El 30 de enero cumplió 75 años el gran maestro y décimo campeón del mundo de ajedrez Boris Spaski.
Vencedor de múltiples campeonatos, campeón de la URSS y de los Juegos Olímpicos, durante varias décadas estuvo en el Olimpo de ajedrez.
Spaski fue un niño prodigio del ajedrez y llegó a ser maestro internacional a los dieciséis años. Al cabo de dos años, en 1955, ganó el campeonato mundial para jóvenes y empezó a ascender en el mundo ajedrecístico. La lucha por la corona duró quince años y sólo en 1969 Spaski llegó a ser el primero tras derrotar al entonces campeón mundial, Tigrán Petrosián.


Un librepensador en la URSS

Spaski siempre ha destacado por su pensamiento libre, muy poco frecuente en la URSS de mediados del siglo pasado. Una vez, antes de conceder al ajedrecista una autorización para salir al extranjero a un campeonato internacional, le citaron en el Comité Provincial del Partido Comunista. Uno de los miembros de la comisión calificadora le preguntó si sabía quién era el presidente actual del Comité, Spaski no tardó en contestar: “¿Y ustedes saben quién es campeón de Moscú en ajedrez?” Sorprendidos, los funcionarios le firmaron la autorización.

Estas ‘salidas’ del maestro a veces le costaban caro. Otra vez, los miembros de la comisión del partido le pidieron que hablara de la situación en Italia, ya que en aquella época todos los periódicos soviéticos escribían sobre la mafia italiana. Pero Spaski empezó a hablar de la situación en Holanda.
- Es muy interesante -le dijo el presidente de la comisión- pero ha comprendido mal la pregunta, le hemos preguntado sobre Italia.

- Lo he comprendido perfectamente, pero acabo de volver de Holanda y suelo hablar solo de lo que he visto con mis propios ojos.

- Entonces, ¿no lee usted, los periódicos?

- Soy periodista y mejor que nadie conozco el verdadero valor de nuestros periódicos.

Desgraciadamente, en la mayoría de las veces mienten.

Los comunistas se sintieron escandalizados, no se podía ni hablar de la autorización para la salida. Es más, la misma carrera del joven ajedrecista estaba amenazada. La salvó la secretaria de la Federación de Ajedrez que acompañaba a Boris Spaski en aquella ocasión y consiguió convencer a la comisión de la lealtad del maestro al régimen.

Otro ejemplo: en los años setenta alcanzó una gran repercusión en la URSS el caso de Angela Davis, una política marxista estadounidense condenada por un supuesto asesinato y secuestro. En la URSS nadie conocía muy bien los detalles de su persecución judicial en EEUU, pero exigían su libertad. Incluso fue redactada una carta abierta al entonces presidente de EEUU Richard Nixon que propusieron firmar a muchas personas destacadas, entre ellas a dos ajedrecistas de fama mundial, Botvínnik y Spaski. El primero se negó rotundamente y el segundo dio su consentimiento. Pero antes solicitó que le dieran a conocer los materiales del expediente judicial de Angela Davis para comprobar que las acusaciones contra ella eran infundadas. Desde aquel entonces a nadie se le ocurrió volver a pedirles nada parecido.


Los honorarios controlados

Hasta 1972 los ajedrecistas soviéticos percibían sus honorarios y trofeos íntegramente. Sin embargo, el enorme trofeo por el encuentro con Robert Fischer (Spaski perdió ante Fischer), de más de 100.000 dólares, pareció excesivo a las autoridades deportivas.

Circulaban rumores de que la gota que colmó el vaso fue un lujoso automóvil que Spaski aparcaba al lado del coche del presidente del Comité de Deporte de la URSS, Serguei Pávlov.

El funcionario se quejó y a partir de entonces el Comité Central del Partido controlaba los honorarios de los ajedrecistas. Según las reglas redactadas a propósito, un trofeo de hasta 1.000 dólares se percibía de manera íntegra, pero el resto se dividía en mitades, una de las cuales podía ser cobrada en dólares, mientras la otra se cambiaba a rublos por un tipo de cambio oficial que era un robo: 0,6  rublos  por un dólar.

En cuanto a las cantidades muy grandes, como el trofeo de Spaski, el gobierno emitía una disposición especial.


Un divorciado experimentado

La vida personal de Spaski siempre ha sido muy complicada, él mismo decía que era un divorciado experimentado. Se casó por primera vez con poco más de veinte años y en 1960 tuvo a su primera hija, Tatiana. El matrimonio duró tan sólo un par de años más. La siguiente esposa del maestro, Larisa, era cinco años menor que él y la conocía desde hacía muchos años. Su matrimonio, del que nació su hijo Vasili, fue más estable. Durante diez años que estuvieron juntos, Larisa apoyó al esposo en todo: en su traslado desde la ciudad natal de San Petersburgo a la capital, Moscú, en sus campeonatos y en todos sus encuentros.

Tras la derrota en el encuentro con Fischer, Spaski tuvo una mala racha, también en lo personal. Se volvió a divorciar y llevaba una vida de soltero cuando en 1974 conoció a Marina Scherbachiova, una francesa de origen ruso.

En la URSS de aquel entonces casarse con una extranjera equivalía casi a cometer alta traición. Pero la novia de Spaski encontró una solución original. Trabajando en la representación comercial de Francia en la URSS consiguió una invitación para la recepción en honor del entonces presidente francés Georges Pompidou. En el Kremlin, durante la ronda de preguntas al presidente por parte de los invitados, pudo hacerle la suya:

-  Señor Pompidou, ¿qué  piensa del amor?

-  No hay nada más hermoso, - contestó el presidente, como el verdadero francés que era.

-  Entonces ¿por qué me prohiben contraer el matrimonio con Boris Spaski? – volvió a preguntas Scherbachiova.

Georges Pompidou no tardó en dirigir esta misma pregunta al entonces líder soviético Leonid Brézhnev que tuvo que reconocer que había ocurrido un error. Al día siguiente Spaski y Scherbachiova pudieron registrar su matrimonio oficialmente.


París – Rusia – París

En 1976 Spaski y su tercera esposa se trasladaron definitivamente a Francia. En 1980 nació el tercer hijo del gran maestro de ajedrez. Durante varios años Spaski continuó jugando por la Unión Soviética pero en 1983, tras un escándalo con las autoridades deportivas, dejó de hacerlo.

En 1992 Boris Spaski volvió a perder ante Fischer pero esta vez los honorarios percibidos hicieron de él un millonario.

El maestro, aunque muy ruso en el fondo de su alma, tardó mucho en volver a su patria después de la desintegración dela URSS. Sólo en 1997 Boris Spaski visitó San Petersburgo, su ciudad natal. De paso estuvo tres días en Moscú, siendo el autor de este artículo el único que le recibió en la estación de trenes. Llevé a los esposos a su piso, que había estado vacío durante veinte años y por el camino pregunté a Boris: “¿Cómo se siente viviendo en París, lejos de su patria?”

- Como si estuviera en una comisión de servicio, pero las dietas son muy buenas, -sonrió el ex campeón del mundo.

En 2010, durante su ultima visita a Moscú sufrió una hemorragia cerebral. El estado de salud no le permitió asistir a la celebración del centenario de Mijail Botvínnik, otro gran ajedrecista soviético. Pero ahora Boris Spaski se encuentra mucho mejor y a principios del año 2012, con motivo de su 75 aniversario, planea organizar taller de ajedrez en la ciudad rusa Satka (Urales) para niños y jóvenes. La vida continúa.


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