Cuidado... La enviadia puede convertirse en obsesión

Envidia

Hoy me apetece recordar un articulo “Cuidado… la envidia puede producir obsesión” que redactara en Mayo de 2009, para el que, según la inmensa mayoría de aficionados, ha sido el mejor web/blog de ajedrez de nuestra región, Ajedrez Noroeste.

A veces denotamos actitudes poco caballerosas, que en ocasiones han producido y producen, situaciones de lo mas desagradable sin motivo aparente, pero si, es posible que para cierto sector puede existir un motivo, “la envidia”, ese sentimiento que nadie dice sentir, pero si despertar. A continuación un extracto de dicho articulo.


La Envidia es la tensión negativa que trabaja este proceso a nivel del Amor, es decir, que nos alerta de que no damos lo mejor de nosotros mismos o no nos permitimos recibir lo mejor que el Universo tiene por darnos.

La Envidia se despierta cuando buscamos algo y vemos que otro lo tiene, o cuando vemos que otros sí tienen esa complicidad especial con el Universo de permitirse recibir la Abundancia y parece que todo les es dado con facilidad.

La Envidia no siempre es razonable, o en otras palabras, lo que se codicia no siempre es algo que necesitamos de verdad, pero la Envidia nos hace creer que no es justo que otros tengan lo que nosotros no podemos. Se convierte en pecado manifiesto cuando obramos como consecuencia de la envidia que sentimos, dirigiendo negatividad hacia la persona envidiada.

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Sin duda este articulo refleja uno de los principales problemas que encontramos al orden del día, en el trabajo, en la familia, hasta en el Ajedrez. Es por eso que os muestro a continuación un artículo de Vicent Vercher Garrigós, donde nos da algunos consejos y reflexiones acercas de este sentimiento.


Tras uno de los sentimientos más comunes y más perniciosos, se esconden complejos y frustraciones que se pueden superar valorando más lo que tenemos y a las personas que nos rodean

La envidia es un sentimiento tan universal como pernicioso. Todas las personas, en mayor o menor medida, sufren en algún momento de su vida la agobiante sensación de entrar, de forma espontánea e irrefrenable, en una competición con el otro en la que siempre se pierde. Colocamos a la persona envidiada en una posición de superioridad, abundancia y bienestar. Como consecuencia de esta exaltación de lo que un tercero tiene o es surgirá la impotencia, la frustración, el desánimo y la creencia de ser inferior. La rabia y la ira acompañarán esta vivencia y mantendrán en una insana dependencia al envidioso del envidiado. Es lo que viene a decir el prestigioso psicoanalista Harry Snack Sullivan en su definición de la envidia: “un sentimiento de aguda incomodidad, determinada por el descubrimiento de que otro posee algo que sentimos que nosotros deberíamos tener”.


Sus demandas muestran sus carencias

Como consecuencia de la exaltación de lo que un tercero tiene o es, surgirá la impotencia, la frustración, el desánimo y la creencia de ser inferior.

El discurso del envidioso es repetitivo, monocorde y compulsivo sobre aquello que envidia y con lo que compite. Sabemos cuáles son sus carencias a partir de lo que envidia. El objeto de la envidia no tiene por qué ser una persona concreta, también puede ser un “ideal” que se nos ofrece como modelo a imitar y que se le reviste de valía.

La vida de una persona envidiosa no gira sobre su propia realidad, sino sobre lo que desearía, sobre lo que no tiene, sobre lo que le falta. La insatisfacción y el vacío es un continuo que le impide gozar de su vida real. La tristeza y el pesimismo le privan de la espontaneidad y la alegría. No sabe reírse con otras personas ni de sí mismo. Sólo lo hace con mofa y desprecio hacia los otros.


Del victimismo a la altanería

Este comportamiento genera, entre otros síntomas, ansiedad generalizada, trastornos del apetito y sueño y diversas alteraciones dependiendo de cada persona. Incidirá también en su actitud ante la vida, moldeando unas formas de convivencia en relación con los otros que van desde figurar como la constante “víctima”, hasta mostrarse continuamente a la defensiva, actitud que se traduce en maneras irónicas, altaneras, frías, distantes y en ocasiones hirientes, de menosprecio y crítica negativa.


Sentimiento no reconocido

La persona envidiosa no suele reconocer su envidia. Se resiste a hacerlo y no hay nada que más le hiera y descalifique que intentar hacerle ver que la tiene. Hay que tener en cuenta que detrás de la envidia se halla:

  • Un sentimiento de inferioridad e inseguridad.
  • Una incapacidad de reconocer las limitaciones personales, asociándolas a signos de debilidad.
  • Una negación total de que la infelicidad no se debe a lo que no se tiene, sino a la falta de aprecio de lo que sí se posee.
  • Una falta de compromiso y responsabilidad con la propia vida. Pendiente de la vida de otros, no se asume la propia.


La “envidia sana” no existe

Este sufrimiento secreto por el bien ajeno, que todos hemos sentido en alguna ocasión y que nos ha traído más de una incomodidad, disgusto y dolor, siempre es negativo. La conocida como “envidia sana” no existe. Es un sentimiento que debe ser aceptado como uno más de los que sentimos. La preocupación llega cuando la envidia se convierte en patológica e interfiere en la vida de la persona, cuando ese sentimiento posee al individuo, merma su autoestima y le incapacita para llevar una vida saludable.


Actitudes ante la envidia

Prevención

Como sucede con todo sentimiento insano, es conveniente mantener actitudes preventivas, de forma que no lleguemos a padecer de manera obsesiva sus efectos. Una buena prevención ante la envidia iría encaminada a :
  • Favorecer la confianza básica en uno mismo y en los demás.
  • Conocer las limitaciones y potencialidades que tenemos, aceptándonos como somos.
  • Pensar que hay cosas que podemos cambiar y otras que no.
  • Aprender a valorar con precisión la propia competencia, sin infravalorarse ni sobrevalorarse.
  • Acostumbrarse a centrar la atención en los aspectos más positivos de la realidad.
  • Estimular la empatía, es decir, la capacidad para ponerse en el lugar del otro.
  • Establecer relaciones adecuadas y satisfactorias con los iguales.
  • Aprender a relativizar las diferencias sociales y adquirir habilidades para elegir adecuadamente con quién, cómo y cuándo compararse.
  • Aprender a relativizar también el éxito.
  • Analizar el progreso personal mediante la comparación consigo mismo, no con otros.
  • Aprender a dar y pedir ayuda, a colaborar y compartir. Permite adquirir habilidades con las que resolver los conflictos que origina la envidia.

Superación

Para gestionar y superar la envidia, nada mejor que replantearnos algunos principios clave, que son los que nos ayudan a disfrutar de un mayor equilibrio y a vivir de forma más serena y gozosa:

  • Pensar que no estamos perdiendo nada cuando a otras personas les va bien.
  • Darnos cuenta de que si queremos ser nosotros mismos, el único punto de referencia de superación somos nosotros. No necesitamos compararnos con nadie más.
  • Apreciar el valor de nuestra vida y mostrarnos agradecidos de tenerla.
  • Alegrarnos de lo que tenemos. No vivir pendientes de lo que no tenemos.
  • Redescubrir día a día lo que nos rodea: las personas, el paisaje, las pequeñas cosas que nos hacen más fácil la vida.
  • Y lo más difícil, pero alcanzable: sentirnos felices por la buena suerte de los demás, porque, en definitiva, vengan de la mano de otros o de las nuestras propias, de lo que se trata es de vivir el mayor número de momentos de felicidad y alegría.

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